Una oficina puede generarte mil problemas.
Y hacerte quedar mal.
Entregas que no llegan.
Medidas que no cuadran.
Instalaciones que se complican.
Proveedores que dejan de responder cuando aparecen los problemas.
Conocemos ese mundo.
Porque vimos, y todavía vemos, a muchos trabajar así.
Estudié ingeniería.
Terminé y no encontré trabajo.
Busqué y busqué.
Y por fin conseguí trabajo… como vendedor.
Qué vergüenza.
¿Qué van a decir mis amigos ingenieros?
Eso pensé.
Pero me equivoqué.
Aprendí algo que la universidad no enseña:
Escuchar, detectar miedos y resolver problemas.
Luego, por casualidad,
conocí y entré al mundo del mobiliario de oficina.
Y uno de nuestros primeros clientes nos recibió así:
“Adelante, maestritos”.
Me hirió el orgullo.
No por la palabra.
Sino por lo que significaba.
Y por lo que no queríamos ser:
El que promete y no cumple.
El que cobra y desaparece.
El que entrega tarde.
El que siempre tiene una excusa preparada.
Ahí vimos una oportunidad.
Y fijamos una regla:
LA PALABRA SE CUMPLE.
Con los años
se sumaron mas personas que hicieron suyo ese compromiso.
Llegaron los procesos, la fábrica, la maquinaria y la tecnología.
Y no te lo cuento para presumir.
Te lo cuento porque todo eso nos permite tener el control.
Y cumplir lo que prometemos.
Hoy diseñamos, fabricamos e instalamos
muebles para oficinas.
Pero nuestro trabajo no termina
cuando entregamos los muebles.
Termina cuando tu oficina está lista para trabajar.
Y 20 años después,
no nos preocupa cómo nos llames.
Nos preocupa
que no pierdas tiempo ni dinero.
Que no te estreses.
Y que no quedes mal por una oficina.
Tú enfócate en tu empresa.
De tu oficina, nos encargamos nosotros.
En VISSO
LA PALABRA SE CUMPLE.
P.V.Z.
